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Cuando suena un teléfono…




Quizás te interrumpe, te saca de lo que estabas haciendo, te incomoda. Y a la vez no puedes dejarlo sonar/ dejar de cogerlo, porque a nivel profesional estás obligado a responder, porque la curiosidad de, para qué es, te puede...

¿Y cuál es tu energía mientras lo atiendes?

Quizás piensas que es una llamada más, que no te apetece gestionar (ya sea un compañero, un cliente, mi jefe, un amigo o incluso mi pareja) o es alguien a quien puedes escuchar y ayudar. ¿Cómo me hace sentir una opción u otra? ¿Es muy diferente verdad?

Con frecuencia la rutina del día a día nos desvía a la primera alternativa: pensamos que es lo más fácil, la manera más rápida de cerrar este asunto, sin que me aporte gran cosa, ni muchas complicaciones. Pero a la vez sin muchos resultados probablemente. Una llamada más.

Sin embargo cuando tu energía está en escuchar y querer ayudar al otro, en querer entender al otro y aprender de lo que te dice y aportar, por supuesto, si está en tu mano ¿cómo te sientes?

Se genera una conexión y una riqueza que puede ser incalculable. Le escuchas para entender, a la vez que le aceptas. Porque aceptas su visión (sea similar a la tuya o sea otra) y lo que te permite aprender. En vez de escuchar para responder y salir airoso del tema sin aprendizaje, sin conexión, sin riqueza para ambas partes.

¿Y te preguntarás cómo sonreírte a ti mismo cuando suena el teléfono? Recuperando la curiosidad de los niños que quizás casi hemos perdido para inmiscuirnos en el laberinto de las palabras que me llegan del otro y mi intencionalidad de ayudar para a la vez ser ayudado.

Otra forma de atender un teléfono ¿verdad?

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